martes, 7 de abril de 2009

Confesión de parte.

Tenía 23 años y era su secretaire

Su titulo era el nombre de su padre y su dinero herencia de su madre.

Había días agotadores; el trabajo del Juzgado, El -con todos su complejos- y su Agenda -con una madre, dos amantes y una candidata autopostulada- que estaba un poco difícil.
Pero la paz aparente reinaba y todo hacia que las cosas fueran mas fáciles para todos.

Con Madame B compartíamos almuerzos en los que sentenciaba "menos de trabajo, de todo"y
durante esa hora y media me divertía mucho escuchando por capítulos su ácida vida o me hacia tomar nota en sus reuniones de la Sala Chica, "las audiciones para consuegra"
A estas reuniones venían esposas D' con temas de empresa de sus esposos para consultar al estudio y claro que solo otra esposa podría asesorarla.

Para mi era un festín de chismes sociales y snobismo, que siempre terminaba con un presente, un regalo de viaje, o algún otro obsequio que prefería no aceptar, ya que de todas maneras la reserva era parte de mi trabajo.

Justo para ese entonces El traicionó a Madame B casándose con la candidata autoconvocada, una empleada de mediana carrera dentro de la empresa, hija de unos nuevos ricos del interior.

Nada de lo que ella hubiera querido, con los apellidos ilustres que había audicionado!

A partir de ahí todo fue un infierno. Madame B. me enloquecía tratando de investigar la vida de su peor enemigo y en el medio del día el me pedía enviar un servicio de mensajería para retirar de un departamento vacío que tenía la sociedad en Av. Libertador las pruebas para el caso del día y recibir un Evatest usado. No daba para mas.

El sabia que faltaba poco para que me fuera, y como todas las tardes para arrancar tomábamos un café juntos. Juro que dude, pero esa tarde mientras preparaba el café en el office, lo pensé, lo contemple un instante y finalmente lo hice, escupí.

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